“Tota aquesta por que encara tinc” de Guillem Albà en el sala Atrium
Una sátira deslenguada y sorprendente sobre la muerte que se presentó en el último Grec
Vuelvo a la sala Atrium, uno de los teatros del off Barcelona, tras algunos meses de no haberla visitado y me encuentro con la grata sorpresa de contemplar un espacio completamente remodelado, diríase que nuevo, con vestíbulo más amplio y acogedor y, sobre todo, con unos colores y ambientación que sorprenden al espectador y se distancian del anterior ambiente mortecino. Lo hago para asistir a la recuperación de “Tota aquesta por que ara tinc”, el espectáculo que Guillem Albà presentó en la última edición del Grec y la verdad es que me llevo otra sorpresa, aunque de diferente tenor.
Resulta complicado describir este texto que Albà y Jiménez -la directora- califican como “provocación escénica y ejercicio teatral visceral y personal que hibrida performance, humor, palabra y gesto” y en la que el actor “se enfrenta a sus peores miedos en un salto intencionado entre caótico e imprevisible”. Pero si fuera imprescindible añadir algo más diríamos Albà dialoga a lo largo de sesenta minutos con el otro personaje encarnado por Aitana Jiménez, a la que corresponde personalizar la muerte. Una muerte que solo asusta por la careta de la que se desprende rápidamente porque resulta ser, a diferencia de lo habitual, nada terrorífica, sino apacible, seductora, divertida, simpática, cómplice y hasta capaz de cantar. En cuya compañía, o a veces solo, Albà gesticula, se monta sobre la tarima situada en el centro del espacio escénico, da vueltas espasmódicamente en torno a ella, hace como que se cae violentamente sobre el suelo (hay salvífico colchón oculto en la parte trasera) y a la postre habla sin fin.
Con cuanto explicamos es fácil colegir que “Tota aquesta por que ara tinc” es un espectáculo inclasificable y añadiríamos que difícilmente comprensible, que navega a caballo entre la parodia, la caricatura y el desenfreno. Todo invita a pensar que Albà se encuentra en su elemento y se lo pasa muy bien y sin miedo alguno, pero es que, a juzgar por lo que observamos en la función a la que asistimos, el público también, porque se escucharon risas e incluso hubo aplausos. En el teatro hay cosas que a veces resultan desconcertantes.
Escribe tu comentario