La movilidad no es solo una cuestión de trenes o asfalto; es el sistema circulatorio que mantiene viva la economía catalana. Sin embargo, hoy ese sistema muestra signos de fatiga crónica. Un retraso ferroviario o el colapso sistemático de la AP-7 ya no son meras anécdotas de usuario: son frenos directos al crecimiento de la región.