El teatro La Vilarroel presenta: "Dones de ràdio"
Cristina Clemente plantea la forma en que tres mujeres de diferente edad y situación social asumen su condición de pacientes de esta grave enfermedad
“En una sociedad en la que la mujer asume una presión estética impresionante, ¿qué puede significar una enfermedad que la deja sin un pecho? ¿Qué significa el pecho femenino en una sociedad como la que vivimos?”. Tales interrogantes fueron los que se planteó Cristina Clemente a raíz de las conversaciones que mantuvo con la madre de una compañera de baloncesto de su hija, que tardó meses en comentarle su condición de paciente de un tratamiento oncológico de mama. Le razonó esta dilación diciendo que seguramente si se lo hubiera comentado al principio de la amistad entre ambas, el cáncer se habría convertido en el tema dominante de sus conversaciones. A partir de ahí, Clemente conectó con ocho mujeres en análoga situación, pero de condiciones sociales, familiares y económicas diferentes, y observó que todas ellas compartían un mundo que resultaba tabú e implicaba algunos prejuicios y decidió escribir sobre ello una obra teatral: “Dones de radio” (La Villarroel)
En la ficción dramática son Rosa Cardona, Àgata y Carola. La primera, exitosa y vanidosa locutora de radio, con familia bien estructurada; la segunda, Àgata, enfermera del Hospital del Mar, de carácter tímido y retraído; y la tercera, Carol, una choni deslenguada y divertida, de asendereada vida sentimental, que vive a salto de mata y sufre una penalidad complementaria: la condición de hija de una madre paciente de esa misma patología. Sergi Belbel ha contado para la cobertura de tales papeles con Àngels Gonyalons, Sara Espígul y Sara Diego y la elección no ha podido ser más acertada.
La trama narrativa se desarrolla en el espacio central de la sala teatral de la calle Villarroel de modo circular, con las tres intérpretes moviéndose con entera libertad por el espacio disponible. Hay que decir que el reto interpretativo resulta de una singular complejidad. No solo por cuanto cada una de ellas debe acomodar su rol a la evolución de su propia peripecia personal, sino porque además y de vez en cuando tienen que asumir el rol de otros personajes secundarios, cuya presencia en escena es posible gracias a ellas mismas. En fin, un trabajo nada fácil, que exige subrayar rasgos pero, a la vez, disponer de la capacidad para irlos transformando según el desenvolvimiento de la acción narrativa. Un empeño que las tres actrices bordan tan extraordinariamente bien que en varias ocasiones se aplaudieron mutis, algo que hacía años que no veíamos en un teatro.
De “Dones de ràdio” se pueden decir muchas cosas. Que es un texto redondo, humano, sin duda reivindicativo del valor con que muchas mujeres asumen semejante servidumbre, pero también muy bien hilvanado, con caracteres perfectamente diseñados por la autora y magistralmente interpretados. Pero además, es una llamada de atención sobre un problema que afecta a millones de mujeres: el cáncer de mama, que les condiciona en diversos órdenes de la vida, desde el puramente estético al afectivo e incluso al maternal. Lo que no exime de que pueda ser asumido con un cierto sentido del humor que ayude a sobrellevarlo. Eso sí, “no se trata de evitar -como dice Clemente- la idea de que el cáncer puede traer cosas buenas, porque el cáncer no compensa nada. Pero sí de que, una vez el tratamiento ha terminado, después de las operaciones (si son necesarias), aparece una nueva fase, muy desconocida por todos. Es un momento en el que todo su entorno las felicita porque todo ha pasado, pero ellas sienten que no es el final. Es el inicio de una nueva vida. El huracán ya había pasado y ya no sufren por su vida”.
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