El bolivariano alcalde de Ourense suprime las ruedas de prensa
Gonzalo Pérez Jácome, un alcalde poco común, un agitador que llegó dispuesto a cambiarlo todo porque para él los políticos eran unos corruptos
Ourense, una ciudad diferente de Galicia, donde transcurre el río Miño en su camino hacia el mar para fundirse con el . Donde aún se mantiene en pie el puente romano que tanto quieren los ourensanos. Con aguas termales que son las delicias de los habitantes y viajeros que acuden a ellas para mejorar su salud.
Ourense, tierra de gente emprendedora, inmigrantes, de grandes intelectuales, también de reliquias caciquiles que perduran, más de uno metidos en política, y llevan años de convulsiones en la escena local: ayuntamiento y Diputación, - esta última está más tranquila ahora-. El gobierno municipal está presidido por Gonzalo Pérez Jácome, un alcalde poco común, un agitador que llegó dispuesto a cambiarlo todo porque para él los políticos eran unos corruptos, el ayuntamiento estaba lleno de enchufados que no trabajan y estaba dispuesto a terminar con la saga familiar de la familia Baltar, los reyes del mambo en la provincia. La presidencia de la diputación pasó de padre a hijo, como estaba mandado, porque José Luis Baltar era el gran conseguidor de votos para el PP en la provincia de Ourense. Durante sus 30 años de “reinado” nunca aceptó injerencias, ni de Fraga, ni Rajoy y por supuesto de Feijóo. Era el amo y señor de su territorio. Algunos le llamaban -en privado- el gran cacique gallego.
Jácome es el ejemplo de populismo, con una televisión local donde insultaba a los políticos del PP, y el PSOE mientras, en la mesa de trabajo, está acompañado de varias botellas vacía y un colega que le ayuda a insultar y empinar el codo hasta dejarlos más que alegres. Así, se fue haciendo un hueco en la política local. Aún sigue, sin que de momento lo hayan expulsado, que es lo que siempre le acaba ocurriendo; en los Maristas de Ourense, en el instituto, y hasta en la mili. Es un personaje peculiar y algo “volado”.
Las elecciones municipales de 2019 fueron el trampolín para conseguir ser elegido alcalde de Ourense, no habiendo ganado las elecciones y quedando como tercera fuerza más votada. Pese a los resultados y después de tragarse todo lo que había dicho sobre los Baltar, pactó con ellos: él sería alcalde y José Manuel Baltar presidente de la Diputación. Se apoyaron mutuamente con los votos de sus respectivos partidos. Como decía Jácome, “pactaría hasta con el diablo para ser alcalde”. No fue el diablo, sino el cacique pijo que se abrazaron políticamente para repartirse el poder.
En las elecciones del 2023, pese a los escándalos de corrupción en los que se había envuelto y sus enfrentamientos con los funcionarios municipales, partidos de la oposición, y medios de comunicación, subió en votos. Negoció con Baltar la continuidad del pacto y el reparto de ellos de las dos instituciones. Nadie entendía nada, era en clave de reparto de “poder”. El reelegido alcalde, que había denunciado a los populares y socialistas de enchufar a gente en las instituciones, lo hizo mejor: se rodeó de amigos para controlar el ayuntamiento. Pocos son los que entienden cómo un personaje como este puede estar al frente del ayuntamiento.
La diputación dejó de ser el pazo de los Baltar, por el incidente de la multa que le pusieron por circular su coche oficial a más velocidad de la debida, y su partido le “recomendó” que renunciara al cargo, pero sigue como senador.
El autoritarismo del exalcalde de Ourense ha llegado a su nivel más alto implantando un régimen bolivariano y emulando a Nicolás Maduro, ha decidido que no realizará más ruedas de prensa porque los periodistas adulteran las informaciones. Suprime las ruedas de prensa y las sustituye por comparecencias a través de YouTube para informar directamente a los ciudadanos, de los que aceptará preguntas a través del WhatsApp, filtradas previamente, y donde los periodistas estarán vetados. Una decisión que atenta contra el derecho de los medios de comunicación a informar. El colegio de periodistas de Galicia, que por cierto preside un ourensano, Paco Sarria, ha denunciado el atropello del alcalde Jácome y no piensan quedarse de brazos cruzados. ¿Y la oposición, que hará? La pregunta que se hacen los que no conocen Ourense es: ¿Que está pasando en esa ciudad donde cada semana hay un capítulo de desencuentro y atropellos de su alcalde, a cuál de ellos per?
Decía Castelao que “en Galicia no se pide nada. Se emigra”. Ahora son otros tiempos y la emigración ha dejado de ser una salida para poder vivir sin la presencia de los caciques. En el presente la gente se queda y cada cuatro años se cambia a los déspotas y pésimos gobernantes ¿Harán una moción de censura y se pondrán de acuerdo toda la oposición? Ser cada día noticia en los medios de comunicación por un alcalde que hace barbaridades no es precisamente buena imagen para la ciudad y sus habitantes.
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