"El género negro es mucho más que un entretenimiento lúdico"
Anna Maria Villalonga es escritora, crítica de cine y profesora de la Facultad de Filología de la Universidad de Barcelona.
Anna Maria Villalonga es escritora, crítica de cine y profesora de la Facultad de Filología de la Universidad de Barcelona. Es autora de la compilación 'Contes per a les nits de lluna plena', las novelas negras 'Una mujer de gris' y 'La sonrisa de Darwin', del ensayo 'Les veus del crim' y de las recopilaciones de literatura criminal femenina 'Elles també maten' y 'Noves dames del crim'. Fue designada por el Gobierno de la Generalitat a través de la Institución de las Letras Catalanas como Comisaria del Año Pedrolo, que ha culminado con centenares de actividades.
La novela negra suele asociarse a un protagonista hombre. ¿Hace falta una mirada más femenina?
Es verdad que tradicionalmente ha sido así. Y en algunos espacios esta cuestión aún sigue vigente, pero pienso que últimamente está cambiando y también pienso que este cambio es imparable. Dicho esto, resulta evidente que todavía estamos haciendo un camino y que no nos encontramos en la normalidad ni mucho menos. Por lo tanto, necesitamos miradas femeninas en todas partes y en todas las posiciones (autoras, protagonistas, editoras, etc.)
¿Algunos de tus libros se orientan en este sentido? Como 'Elles també maten' o 'Noves dames del crim'.
Estos dos libros son antologías de autoría compartida, que yo coordiné, aunque en ambos casos participé también como autora. Los dos volúmenes recogen los relatos de 25 escritoras diferentes, que demuestran claramente la presencia de mujeres en el género negro (el género negro, además, en un sentido muy amplio, como creo que hay que reivindicar a estas alturas del siglo XXI). La idea de estas antologías surgió precisamente de la voluntad de demostrar que muchas mujeres podían escribir en catalán y en clave de negro y que el género no sólo era una cosa de hombres.
La verdad es que todo el primer volumen, 'Elles també maten', fue un gran éxito. Todavía está plenamente vivo y lo leen en clubes de lectura, institutos, etc. Es un orgullo para mí poder asegurar que hay un antes y un después de este libro, porque mucha gente y muchas editoriales se animaron a publicar antologías de relatos raíz de su éxito. No es que fuera la primera antología "negra" que existía, pero sí de mujeres. Y sí hay un antes y un después.
Además, del libro salieron novelas y series de novelas. Núria Cadenas amplió su relato y escribió 'Tota la veritat', novela ganadora del Premio Crímenes de Tinta en 2016. Esperança Camps escribió 'La cara B' con el mismo protagonista de su relato. Margarita Aritzeta volvió al género después de unos cuantos años y creó la serie de la inspectora Mina Fuster, que a estas alturas ya consta de tres títulos: 'L'amant xinès', 'Els fils de l'aranya' y 'Rapsòdia per a un mort'. Y aún hay más cosas. O sea, que imagínate si es para estar contenta.
¿Qué ingredientes te parecen indispensables en este género?
Esta es una pregunta que me formulan repetidamente y que tiene una difícil respuesta. Hay muchas maneras de enfrentarse al género. Desde la posición de la víctima, desde la posición del investigador, desde la posición del delincuente. A estas alturas hay muchísimos subgéneros. Podríamos estar tratando el tema durante horas y horas y no llegar a conclusiones. Además, hay estudiosos que tienen una mirada más restrictiva y otros que la tenemos más amplia, más abierta.
En cualquier caso, y para hacerlo corto y comprensible, yo marcaría algunas características que, personalmente, me parecen indispensables:
Primero. Rehuir las cosas superfluas, las tramas paralelas, las cuestiones que no vienen a cuento. Dentro del género todo debe tener un sentido vinculado a la trama. El género no admite digresiones ni alejamientos de la historia que cuenta. Por eso, creo que las novelas breves y punzantes, directas y claras, son las que se ajustan mejor.
Segundo. Las novelas no pueden ser banales (en contra de lo que cree mucha gente). El género negro de verdad es mucho más que un entretenimiento lúdico (sin desmerecer este aspecto de cualquier obra). El género debe golpear, conmovernos, sacudirnos. De hecho, como cualquier obra que tenga lo que se espera de la buena literatura.
Tercero. Mostrar la realidad, hacer crítica, indagar en los procesos de la maldad, de las partes oscuras de la naturaleza humana. Hablar de nuestras pulsiones (todas nuestras pulsiones) sin rodeos.
Cuarto. Intriga y suspense. De una manera o de otra, la novela negra debe enganchar al lector, nos tiene que tener atrapados en la lectura. Si no lo consigue, no funciona. La manera de hacerlo puede ser muy variada, pero no puede faltar.
Quinto. Hoy se hace una supuesta novela negra que no lo es. Demasiado doméstica, demasiado ramplona. Que si cambiar pañales, que si dar biberones. No se trata de no mostrar el día a día de los protagonistas o de otros personajes, ni mucho menos. Pero hay límites. Y los límites se encuentran en lo que digo en el punto 1. Hay que explicar sólo lo que hace falta en la trama. El resto, es paja que merma el valor de la obra y le resta potencia.
Tu infancia está ligada a los libros. ¿Qué leías y qué escribías?
Uy, sí, sí. Yo soy lectora desde que nací. Antes de saber leer, me aprendía de memoria los cuentos que me leía mi abuela (y piensa que yo aprendí a leer muy pronto, a los 4 años). He leído de todo, eclécticamente. Si me pongo a hablar de eso, no acabaríamos. Cuando tenía 10 o 11 años leía Enid Blyton, como todo el mundo en la época. Después... buf. De todo. Leí muchos autores clásicos, algunos "supuestamente" juveniles, desde Stevenson a Poe, desde Conan Doyle a Louise May Alcott, desde Fenimore Cooper a Johanna Spyri, desde Mark Twain a Julio Verne y a Oscar Wilde. Y la lista no acabaría. Después, enseguida di el salto a otros autores y obras, más 'de adultos', para entendernos. Y hasta hoy. En cualquier caso y como puedes ver, no me convence mucho la separación entre literatura juvenil y literatura de adultos.
Hacía muchos viajes a la librería. Sólo quería que me regalaran libros. Tengo que agradecer a mis padres y a mis abuelos (con los que vivía) que nunca me pusieran impedimentos, que me compraran todos los libros que quería, que defendieran la libertad de aquella niña que no paraba de leer, que no salía de casa para leer y escribir, que no iba a comer en la mesa hasta después de muchos avisos porque estaba leyendo.
Empecé a escribir también enseguida. Ilustraba mis propias historias (con muy poca traza, porque dibujo fatal). Escribía novelas y más novelas que le leía a mi hermano Jordi en voz alta (pobre, santa paciencia) y a mi madre. He escrito mucho, pero también el día a día de mi vida me ha pasado factura y en algunas épocas no lo he podido hacer. Por otro lado, gran parte de mi currículum de publicaciones tiene que ver con artículos académicos y con mis estudios e investigaciones filológicos.
En fin, un poco de todo. Como todo el mundo, supongo.
Y después, ¿qué lecturas te formaron más?
La lista es interminable, pero en una parte vino conformada por mis estudios. Yo estudié primero Filología Hispánica y unos años después Filología Catalana. Por tanto, en una primera época leí a los grandes autores en castellano, tanto españoles como sudamericanos, que son una parte importante de mis referentes: Cortázar, Borges, Rulfo, Puig, García Márquez.
Pero no sólo, claro. Yo lo devoraba todo. Hay obras que me han marcado mucho. Recuerdo especialmente el varapalo que significó leer muy joven tres novelas tan duras como 'A sangre fría', de Truman Capote, 'Las uvas de la ira', de John Steinbeck y 'Matar un ruiseñor' de Harper Lee. Por no hablar de lo que representó 'Todas las bestias de carga' de Manuel de Pedrolo.
Me interesaba todo: el holocausto, los judíos, los no judíos, la historia antigua, todo. Lo que seguramente he leído menos son los autores centroeuropeos. En este sentido, todavía me tengo que poner bien al día. Pero es que, por mucho que leas, siempre quedan cosas pendientes.
Después, cuando estudié Filología Catalana, profundicé en nuestra literatura (Pedrolo, Rodoreda, Maragall, Víctor Catalán, Calders, los autores de la edad moderna, etc. etc.). Con mucha rabia, constaté la magnitud de la tragedia, porque durante mi infancia y juventud nadie me había explicado nada de mi historia literaria y cultural. Había sido absolutamente silenciada. Y eso es inadmisible.
Ahora, por fortuna, puedo contribuir a cambiar un poco las cosas. Como estudiosa, como profesora de literatura catalana en la UB, como activista y divulgadora y como escritora.
¿Cómo creas un personaje?
Los personajes son muy importantes para mí. Lo más importante. Cuando decido de qué quiero hablar, lo primero que hago es plantearme a través de qué personaje, de qué tipo de personaje, puedo afrontar el tema en cuestión. Para mí lo más importante es el tema de fondo (la soledad, el aislamiento social, los prejuicios, la injusticia, la pobreza, lo que sea) y los personajes, que mimo y amo. La trama me importa mucho menos. Yo lo que quiero es llegar a la gente, al interior de la gente. Y la mejor manera de hacerlo es a través de los personajes, que también son gente. De la voz y los sentimientos de estos personajes.
No sabes cómo me satisface cuando casi todos los días me escribe alguien y me dice que ha visto mis personajes por la calle. Que ha visto a tal o cual persona y le ha recordado inmediatamente a uno de mis personajes. Esto es fantástico.
¿Y la trama?
La trama, como todas las partes de una novela, es vital, pero en mi caso resulta secundaria. Me interesa mucho más crear una atmósfera que una trama más o menos complicada. Me gusta escribir de dentro afuera, no de fuera adentro. La acción excesiva me aburre. Soy mujer de palabras, no de acción. En las películas y en las series, en las escenas de acción (persecuciones, puñetazos, coches que corren, etc.) yo desconecto totalmente. Desde siempre, desde pequeña. Vuelvo a reconectar cuando vuelven a hablar, cuando hay conversaciones, cuando hay intercambio humano. El resto me interesa poco, es un tema demasiado primario.
Ahora, eso sí. Pido coherencia y verosimilitud a la trama. Para funcionar, nos lo tenemos que creer, debe ser creíble a todos los efectos.
¿Qué te parece más complicado, hacer un perfil psicológico, diseñar una buena escena, crear diálogos ...?
Los diálogos son complejos. Por esto que digo de la verosimilitud. Debemos evitar que sean demasiado artificiales, con lo cual tenemos que dominar el registro que corresponde a cada personaje. No todo el mundo habla igual. La edad, la formación, la situación, etc. determinan el habla. Ya lo decía Horacio a su 'Ars Poetica'. Se trata de cumplir con el decoro, que en el caso de los diálogos resulta esencial. Seguramente es el más complicado.
Has sido comisaria del Año Pedrolo en 2018, ¿qué balance haces de esta experiencia?
Llenaríamos páginas y páginas, porque ha sido un evento de una dimensión que nos ha superado a todos. Personalmente, me ha hecho crecer muchísimo. He conocido a mucha gente, he aprendido muchas cosas, he viajado. Para el país creo que ha sido muy importante. Y sólo ha significado abrir un camino que ahora debe continuar, y que continúa. Evidentemente, ha sido una gran responsabilidad. Que la Honorable Consellera Laura Borràs confiara en mí para esta tarea me honra enormemente. Ha sido fantástico poder trabajar codo a codo con Adelais de Pedrolo, la hija del autor, y con grandes expertos de la Fundación Pedrolo. Durante el centenario se ha hecho de todo: rutas literarias, clubes de lectura, festivales de novela negra y de ciencia ficción, exposiciones, villas del libro, lecturas dramatizadas, montajes teatrales, espectáculos musicales, encuentros poéticos, actos en centros de enseñanza, jornadas pedagógicas, exposiciones fotográficas, lecturas compartidas... Un montón de entrevistas en la radio, en la prensa y en la televisión. Incluso una adaptación cinematográfica, con guión y dirección de Santi Lapeira, de la novela 'Tocados por el fuego'. Y lo más importante. Cientos de conferencias en todo el país, dos congresos universitarios y la publicación de casi treinta obras de Pedrolo y sobre Pedrolo.
Y ya me callo, porque me embalo. Está claro que no puedo estar más orgullosa. Y repito: esto sólo es el principio.
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