Teatro Romea: “Puertas abiertas”, un diálogo sobre el temor y el odio, pero también sobre la esperanza
El teatro de cada época debe reflejar de una o de otra forma la realidad. Puede hacerlo en clave de comedia o de drama, incluso de tragedia, pero en todo caso, si pretende tener validez más allá de su función de puro entretenimiento, ha de contribuir a hacer que el espectador, una vez que haya finalizado la función, piense y se interrogue sobre lo que ha visto.
El teatro de cada época debe reflejar de una o de otra forma la realidad. Puede hacerlo en clave de comedia o de drama, incluso de tragedia, pero en todo caso, si pretende tener validez más allá de su función de puro entretenimiento, ha de contribuir a hacer que el espectador, una vez que haya finalizado la función, piense y se interrogue sobre lo que ha visto. Emma Riverola atinó en observar que, a raíz de uno de los atentados islamistas habidos en Francia, comenzó a circular el hastag #portesouvertes y tomó este hecho como punto de partida para escribir un texto dramático de tan solo dos personajes, titulado del mismo modo, es decir, “Puertas abiertas”. Se ha presentado en el Teatro Romea bajo la dirección de Abel Folk con la intervención de Cayetana Guillén Cuervo y de Ayoub el Jilali.
Comentaba Riverola que “muchos parisienses ofrecieron sus casas a aquellos que por circunstancias fortuitas habían quedado atrapados en un punto de la ciudad fuera de su lugar habitual. Pero lo cierto es que hay que tener mucho valor para abrir en una noche semejante las puertas de casa a un desconocido para conjurar el dolor y no parapetarse en la barricada del egoísmo, hay que estar obstinadamente resuelto a alargar la mano y ejercer la solidaridad y la fraternidad”. El punto de partida es, por tanto, este hecho. Mientras en la calle actúan las ambulancias y la policía, una mujer recibe a un desconocido con el que inicia un inquietante diálogo sobre lo ocurrido mientras uno y otro van descubriendo paulatinamente sus respectivas personalidades. Es un ejercicio de análisis sicológico mutuo en el que late la inquietud por lo ocurrido, mientras un imaginativo montaje audiovisual de fondo va reflejando lo que ocurre en la calle mientras discurre la conversación.
Folk, a su vez, comenta que “nos encontramos ante un conflicto sobre el que hemos leído, que hemos padecido y sobre el que tenemos formada una opinión que puede estar fundada en tópicos y prejuicios. Justamente esto es lo que quiere evitar el texto de Riverola al plantear un encuentro entre dos personas de comunidades distintas e incluso enfrentadas. No sabemos nada de ninguno de ellos más allá de los que cada cual explica y de ahí que se plantee un abanico de interrogantes que nos invita a pensar que no todo en esta vida consiste en una historia de buenos y malos”.
Cayetana Guillén y Ayoub el Jilali desarrollan un excelente trabajo interpretativo que cambia de ritmo y de tono según las circunstancias marcadas por un texto lleno de circunloquios, de envites, de fintas, de dudas, de verdades y mentiras, de tensión, pero también con momentos cálidos, incluso de ternura. Todo ello acompañado por un montaje audiovisual muy conseguido, obra de Joan Riedweg, que logra no solo contextualizar la situación sino, además, en algún momento, provocar incluso el sobresalto del público.
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