El testamento político de Franco fue escrito por un arquitecto (“El secreto de Franco”)

Reseña del libro escrito por Guillermo Gortázar

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Gran sorpresa produjo a la muerte de Franco la lectura de su testamento político que habría redactado pocas semanas antes y entregado a su hija Carmen en un texto manuscrito. La ausencia de acusaciones, la ponderación e incluso la humildad llamaron la atención por su contraste con el último discurso pronunciado el 1 de octubre desde el balcón de la plaza de Oriente en el que el jefe del Estado se refirió a la “conspiración masónica izquierdista en la clase política en contubernio con la subversión comunista-terrorista”. El testamento tuvo, por el contrario, un tono tan diferente que llevó a algunos a suponer que no había sido redactado por el caudillo, aunque la exhibición posterior por su hija Carmen del documento autógrafo del mismo despejó cualquier duda que sobre su autenticidad.

 

Pues bien, el historiador y catedrático de la UNED Guillermo Gortázar ha podido demostrar que, en efecto, dicho testamento fue obra de otro autor, el arquitecto Javier Carvajal, aunque ciertamente pudo llegar a manos de Franco quien lo aceptó íntegramente con algunos retoques menores. Así lo ha explicado en “El secreto de Franco. La transición revisitada” (Renacimiento).

 

Según explica Gortázar, ante la enfermedad terminal del generalísimo un grupo de personas afines al régimen pensaron en la conveniencia de que quedase un documento escrito el espíritu conciliador necesario para que la transición pudiera llevarse a cabo sin sobresaltos y el arquitecto Javier Carvajal, miembro de la UDPE, asociación política creada dentro de la disciplina del Consejo Nacional del Movimiento y presidida por Adolfo Suárez, redactó un texto que pareció adecuado. La cuestión era cómo hacerlo llegar a su destinatario, puesto que el luego presidente se negó a hacerlo. Los promotores de la iniciativa encontraron una vía a través del exministro José Antonio Girón, quien lo vehiculó por conducto del jefe de la Casa Civil, Fuertes de Villavicencio, quien se lo entregó a Carmen Franco y ésta, a la vez, a su padre. Que lo aceptó y copió a mano en su despacho en los últimos días en que pudo valerse por sí mismo.

 

“La operación que narro -dice Gortázar- permite sugerir que Franco emergió en aquellos días como un reformista de ultratumba y como un actor positivo en la operación de la transición democrática”. Considera que “apostó decididamente por los reformistas de dentro y fuera del régimen pues sabía que el inmovilismo no tenía futuro y prefería una monarquía parlamentaria conducida desde el poder a una república rupturista”. Habida cuenta que la única modificación importante que introdujo en el texto de Carvajal fue la cita expresa de Don Juan Carlos ”creo -añade- que se ha ignorado o minusvalorado el papel favorable que jugó Franco durante 1975 reforzando la posición del entonces príncipe”. Y aporta un dato complementario de notoria importancia en esta misma línea: la negativa de Franco a confirmar la continuidad de Rodríguez de Valcárcel, deseada por el búnker del sistema, como presidente de las Cortes y del Consejo del Reino y su predisposición a facilitar su sustitución por Fernández Miranda, que era el candidato de quien iba a ser rey.

 

La obra de Gortázar aporta también alguna otra propuesta historiográfica novedosa como la de considerar que el nombramiento de Arias Navarro como sucesor de Carrero fue “salvo una buena relación con doña Carmen Polo, debido a un proceso de descarte”. Y en alguna medida lava la imagen del último presidente de gobierno del régimen al decir que “como todo en la vida, Arias tiene su activo y su pasivo… no resultaba simpático, pero desde el punto de vista humano y político creo que fue un personaje poliédrico con más importancia de lo que hasta ahora se ha escrito”.

 

El autor, que elogia el insólito papel de intermediario que desempeñó Girón, considerado la cabeza visible del bunker, en dar viabilidad a este testamento conciliador, manifiesta que “los protagonistas de este hecho desde octubre de 1975 ni siquiera entre ellos volvieron a hablar de este tema: se juramentaron para que nunca se supiera”. Y confiesa que “he llegado a la información sobre el secreto de Franco que desvelo en este libro por un comentario circunstancial”. Un secreto, en todo caso, que fue posible mantener durante más de medio siglo en primerísimo lugar gracias a Carmen Franco al punto de afirmar que “la ocultación fue obra de su hija”. 

 

Gortázar ha hecho con “El secreto de Franco” una inédita y excelente aportación a la historia de la transición y de la España contemporánea.

 

 

 

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