Santiago Tarín: “Nunca tuve miedo de un delincuente, pero sí de la corrupción y el terrorismo”
Uno de los más acreditados periodistas de sucesos y tribunales publica “Los crímenes de los pasos perdidos” que quiere ser la memoria de una Barcelona desaparecida
“Los reporteros somos los trovadores modernos” afirma muy convencido Santiago Tarín, periodista de raza, que a lo largo de una fecunda vida profesional ha conseguido situar la información de sucesos y tribunales en portada. Fue el reto que le planteó al subdirector de La Vanguardia el mismo día de su ingreso en ese diario. “Me recibió Ibáñez Escofet y me dijo que lo sentía mucho, pero que iba a trabajar en un área que no iría nunca en la primera página. Le respondí que yo lo haría posible. Y lo conseguí el primer día de mi trabajo”.
De todo ello y de muchas cosas más trata en su último libro Los crímenes de los pasos perdidos (Alrevés), el cuarto de los que lleva publicados y que, según explica, “no son mis memorias, pero sí un libro de memorias de una Barcelona que se ha transformado tanto que ha ido desapareciendo en muchos aspectos”. Buena prueba de ello es la misma cubierta del libro que reproduce una pintura mural de las que adornaron la redacción de la vieja Soli de la calle Consell de Cent “donde -recuerda- debuté como periodista”.
Ahora que se evoca y mitifica la ciudad de los noventa, Santiago reivindica la década anterior, que fue durante la cual se operó la verdadera transición del franquismo a la democracia. En ese momento es cuando empezó a ejercer como periodista y a dedicarse a la crónica de sucesos y tribunales. Recuerda la sorpresa que le causaron sus primeros contactos con la policía. “Yo guardaba en la memoria de mis tiempos de estudiante a los grises entrando a uña de caballo en la universidad y cuando accedí a Via Laietana me encontré con unos funcionarios jóvenes que no tenía nada que ver con sus predecesores, que pensaban más o menos como yo y que ejercían su oficio con gran profesionalidad”. Del mismo modo que elogia a los compañeros de profesión que dignificaron la crónica de sucesos como fue el caso de Josep Martí Gómez.
Tarín reivindica la crónica negra como “la contraportada de la historia; un sumario judicial es todo un relato novelable. Dicho de otra manera, un crimen da pie a construir un relato apasionante pero la crónica de una junta general de accionistas de un banco da muy poco de sí para hacerlo”. Claro que como no haya un crimen, pensamos para nuestro adentros.
Se lamenta de que estamos viviendo tiempos peligrosos para el periodismo en general y la crónica de sucesos en particular por culpa de las redes que están degradando la información.
Le preguntamos si tratar con gentes del hampa es un oficio peligroso: “De todo hay en la viña del Señor, pero debo decir que nunca temí a un delincuente convencional. Otra cosa era cuando tenía que meter baza informativa en asuntos relacionados con la corrupción y el terrorismo”. Y hace una inquietante confesión: “Nunca lo comenté en el diario, pero tuve algunas amenazas serias en varias ocasiones”. No en balde se ha dicho que la periodista es una de las dos o tres profesiones más peligrosas del mundo. Santiago Tarín lo sabe por ciencia propia.
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