España Invertebrada, capital, Turbomadrid

Antonio Carlos Pereira Menaut
Prof. de Derecho Constitucional, USC

Manoel Vello Salvado. In memoriam

 

“Castilla ha hecho a España y Castilla la ha deshecho”, escribía hace un siglo la mirada penetrante de Ortega en su “España Invertebrada”. Hoy quizá hubiera que añadir: “Madrid ha deshecho (vaciado) a Castilla y está en curso de deshacer a España”. ¿Por qué? Porque la capacidad desvertebradora central sería mayor que la periférica. Un ejemplo nada trivial: para el Real Madrid tener que jugar con los equipillos españoles, y no con los champions europeos, es una rémora. Históricamente, la ciudad de Madrid creció a costa del resto de España (no así Londres o Berlín) pero ¿en qué división juega Madrid, hoy? ¿En la de Miami o la de Valladolid? ¿Sigue siendo Madrid “one of us”, una de las ciudades españolas? ¿Juega en la rebelión de las masas (Ortega) o en la de las élites (Lasch)?

 

No se trata de juicios morales: los madrileños son gente acogedora y abierta. Pero no les parece anómalo que Madrid tenga el 13% de la población (de la joven, tiene bastante más) y el 20% del PIB. Parecen creer honradamente que, aunque se produzca algo de desigualdad territorial, en general lo que es bueno para Madrid es bueno para España. No parecen recordar que en 1975, tras una larga dictadura abiertamente centralista, el PIB de Madrid seguía siendo mucho menor que el de Cataluña. En 1950 Madrid tenía 1.500.000 habitantes (Londres y París alcanzaron el millón hacia 1800). En 1900 Galicia tenía el 10% de la población española. Etc. Sólo unos pocos madrileños conceden algo de esto; la mayoría, ni lo ve.

 

Pero ¿no podría ocurrir que quien pague tanta desmesura madrileña vaya a ser —esté siendo ya— la propia España? Veamos. A corto plazo los independentistas periféricos probablemente se cuasi-hibernarán y no serán una nueva ni mayor amenaza para la cohesión de España. Pero si el principal motor de la desvertebración no es la periferia sino el centro —como Castilla en la cita orteguiana—, eso es poco relevante. Si la desvertebración de España continúa, a largo plazo los periféricos no tienen más que sentarse y esperar: algún fruto caerá; si no la independencia, un mayor autogobierno. No sería tan raro. Algunos hechos que “a priori” podrían haber ido en otra dirección, como la elección de Ayuso o el covid, han terminado por consolidar las autonomías. ¿Alguien abriga hoy en serio aquella esperanza del PP aznarista de suprimirlas?

 

Posible fin de la película: dentro de no mucho, chocar con Madrid, en mayor o menor grado, dejará de ser la molesta ocurrencia de unos atorrantes periféricos para convertirse en actitud común a más de cien kilómetros de la Puerta del Sol.

 

España invertebrada, capital, Turbomadrid. Feliz 2023.

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