Así se camuflan los nuevos terroristas entre nosotros
El disfraz perfecto: anonimato urbano y convivencia silenciosa
Los nuevos radicales terroristas buscan no levantar sospechas. No predican en voz alta ni exhiben símbolos reconocibles. Se mezclan en la vida cotidiana de las ciudades donde se instalan, evitan conflictos y aprovechan la sobrecarga de problemas sociales en barrios vulnerables para camuflarse aún más.
“Si no molestan, nadie pregunta”, afirman fuentes a los investigadores policiales. Y así, el entorno urbano se convierte en el disfraz perfecto para los que planean o fomentan la violencia en la sombra.
Lo que hace unos años se ocultaba en lugares remotos ahora se esconde a la vista de todos, en plena ciudad. Una estrategia que dificulta enormemente la labor policial y que obliga a las fuerzas de seguridad a mantener una vigilancia constante y discreta, basada muchas veces en intuición, tecnología e información confidencial.
Propaganda extremista disfrazada en internet
El camuflaje no es solo físico. En el ámbito digital, los terroristas también han perfeccionado su capacidad de mimetizarse. Una investigación de la Universidad Camilo José Cela reveló cómo se difunden contenidos yihadistas en redes sociales como YouTube, utilizando simbología aparentemente inocente para eludir los filtros automáticos.
En un vídeo analizado, más del 70 % de sus 43 minutos de duración estaba compuesto por imágenes con simbolismo religioso o cultural –paisajes, mujeres y niños, animales, objetos cotidianos– que, en su interpretación extremista, ocultan mensajes de adoctrinamiento. Incluso la música se convierte en arma: en apenas 91 segundos de un cántico islámico, se detectaron mensajes violentos en el 65 % de los versos, muchos de ellos exaltando la inmolación como forma de sacrificio religioso.
Una amenaza que se reinventa
Desde los atentados del 11-S, las autoridades europeas han tenido que adaptar sus estrategias a una amenaza que ya no actúa desde las sombras lejanas, sino desde dentro de nuestras ciudades. En Francia o Alemania, los lobos solitarios siguen golpeando con acciones letales. Y en España, aunque no se han producido atentados recientes de gran impacto, la alerta antiterrorista continúa en nivel 4 desde hace años. Porque el riesgo sigue ahí, agazapado en cualquier barrio, piso o red social.
El nuevo terrorismo no se muestra. Se esconde, se adapta, se mimetiza. Pero sigue siendo igual de letal. Y es precisamente esa capacidad de camuflaje lo que lo hace más peligroso que nunca.
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