Sala Fénix: reivindicación de Yoko Ono
No seríamos ni veinticinco los espectadores que nos reunimos en la Sala Fénix de la calle Riereta, uno de los más pequeños, si no el menor, de todos los espacios teatrales de la ciudad.
No seríamos ni veinticinco los espectadores que nos reunimos en la Sala Fénix de la calle Riereta, uno de los más pequeños, si no el menor, de todos los espacios teatrales de la ciudad. La parvedad de su aforo se tuvo que reducir todavía más con el fin de cumplir las limitaciones establecidas por las autoridades, pero ello no fue óbice para que los reunidos participáramos del entusiasmo de asistir a la primera función después de la interrupción de la temporada. Íbamos a ver “This is not here. Re-imagine Yoko Ono”, un texto de Sònia Masuda sobre la célebre artista japonesa que enamoró a John Lennon y con el que contrajo matrimonio en Gibraltar en 1969.
No quisiéramos caer en el tópico de recordar aquel dicho francés que invita a “cherchez la femme”, es decir, a buscar a la mujer que hay detrás de cualquier hombre, pero quizá en esta relación el consejo no esté injustificado. Porque nadie es capaz de negar a estas alturas la influencia que tuvo la japonesa en la vida y en la ejecutoria musical de su pareja, pese a que en torno a esta relación haya surgido una leyenda malévola que culpabiliza a Yoko del desmembramiento de “The Beatles” y la erige en la mala de la situación. Todo hace pensar que no sólo no fue así, sino que, muy al contrario, ejerció una influencia benéfica sobre su marido y fue la inspiradora de algunas de sus mejores composiciones, como fue el caso de “Imagine”. Parece que hay testimonios procedentes de otros miembros de este mismo grupo musical que lo avalan, pero ya sabe aquello de que “calumnia, que algo queda”
Sònia Masuda no sólo ha escrito el texto y ha dirigido su puesta en escena, sino que asume la interpretación del personaje. Un verdadero triplete con el que ha querido reivindicar la personalidad y la influencia ejercida en su momento por la entonces todavía joven japonesa con el fin de “descubrir una de las creadoras más revolucionarias y la artista famosa más desconocida de nuestro tiempo”. Pero, a la vez, ha pretendido que su historia sirviese como herramienta para cuestionar a quienes se arrogan el papel de escribir sobre los hechos y dictaminar arbitrariamente quienes son los buenos y quienes los malos”.
Acompaña a Sònia Albert Martí en el papel de John Lennon y ambos forman una simbiosis creíble pese a la distancia del tiempo transcurrido y a la diferente fisonomía de los personajes. El texto está bien enhebrado y el espectáculo discurre con buen ritmo. Como la infraestructura de la Sala no permite gollerías, ha habido que trabajar con imaginación y por ello la escenografía es sumamente parva, aunque la utilización de unos paneles rabiosamente blancos ha permitido jugar con habilidad con las luces y la utilización de algunos elementos audiovisuales.
El juego escénico finaliza con un monólogo final de Yoko/Sònia en el que se reafirma la reivindicación de esta figura femenina felizmente superviviente y a la que su viudedad aseguró una sumamente acomodada situación.
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