España, ¿un proyecto fallido?

Antonio Carlos Pereira Menaut
Prof. de Derecho Constitucional, USC

antonio

Al preguntar eso no ignoro que me pueden responder fundadamente: "Usted no cuestionaría eso si conociera Cartagena de Indias, las catedrales de Puebla y Morelia, las Leyes de Indias, Cervantes, Velázquez y demás. Al menos, no lo cuestionaría sin matizar".


Como conozco ?y aprecio? todo eso, maticemos. La España de hoy tiene poco que ver con la 1975, pero mucho menos con la de 1575, para bien o para mal. En asuntos como la vida, la muerte, la amistad, el trabajo, el ocio, los viejos, los niños, los poderes públicos, el estado el dinero o el capitalismo (hasta hace poco inexistente), España es, ahora, otro contenido bajo la misma etiqueta. Y aun más: cada vez es menos española; muy rojigualda por fuera, pero cada vez más "protectorado alemán loco por hablar inglés", luchando como nadie ?permítanme exagerar un poco, por favor, que esto no es un trabajo científico? contra su cultura, identidad, forma de vida, tradiciones o instituciones.

Maticemos más: aunque el Siglo de Oro fuera un momento superior ?démoslo por bueno?, políticamente, no lo fue. Y tras Carlos III España apenas ha hecho cosa con bendición en lo político, con algunas moderadas excepciones (principios de las restauraciones borbónicas de 1874 y 1975). Desde ?digamos? la primera guerra carlista, el problema territorial, aunque en sí no sea insoluble, va cada vez a peor; y esto es así pase lo que pase con el referendum catalán.

No ofenderé al lector negando que aquí hay mucho de conjetura, pero espero que no disparatada. Desde la mirada de 1970 o 1980, el proyecto español parecía fallido o difícil de reflotar, y en parte por lo territorial. Desde la mirada de, pongamos, 2004, España parecía globalmente un éxito, adelantando en breve a Francia e Inglaterra y lista para ser como Alemania en veinte años; pronta a entrar en el G8 y la Champions League, siendo "one of them" y los "germanos del sur". Con la mirada, ahora, de 2014: vuelta a "derrota, agotamiento, decadencia" (fines del XVII), necesidad de regeneración (1898, pero sin aquella Generación), crisis devastadora, de la que saldremos desguazados, empobrecidos, envejecidos, sin empresas pequeñas y medianas, con las instituciones bombardeadas, con poca soberanía y no mucha dignidad. Y todo esto consentido ?¿e impulsado?? por las elites españolas radicadas en Madrid, que son las que en realidad casi monopolizan la decisión, los recursos y la información. (Que crean honradamente que no hay otra alternativa salva sus intenciones, pero no cambia las cosas). La integridad territorial está en el aire pero, aunque no lo estuviera, la "atenuación" o disolución de España en la UE mantiene su ritmo, acelerado con la crisis. Madrid (o sea, exagerando de nuevo, lo que hoy es España) parece resignada ?¿tal vez convencida??, con ese papel de recibir órdenes de arriba e imponérnoslas a los de abajo con toda convicción, aunque sea para acabar con algo de sí misma, como las universidades o las cajas de ahorro.

Así pues, ¿es España un fracaso? Juzgue el lector. El proyecto de los años 90 y 2000, más bien sí. No ha resistido ni el primer embate. Ahí tienen ustedes a los Germanos del Sur tienen buscando trabajo en la otrora despreciada Sudacalandia. Yo no deseo tal fracaso, ni gano mucho con ello, pero, comparando el desnivel entre las metas, actitudes y narrativas de 2004 con las realidades de hoy y las previsibles a corto-medio plazo, resulta un fracaso mayor que el de Portugal, que ha caído mucho, pero desde mucha menos altura y sin partir de infladas grandezas imperiales (lamento contradecir a la "conventional wisdom" de Vigo según la cual "Dios hizo a Portugal para que España no fuera lo último").

Muchos estados miembros de la UE, y España no es la excepción, son cada vez más prescindibles. Y Madrid parece sumarse a ese proyecto; como se ha sumado a la difusión del inglés sin importarle, en la práctica, el español. Tal vez en no mucho tiempo España-estado se haya vuelto ya declaradamente prescindible, pero en Europa las regiones, comunidades autónomas, NUTS o como se llamen, no desaparecerán. Se redimensionarán, quizá, pero no desaparecerán; tienen futuro (aunque sólo como región europea); incluso se crean NUTS allí donde no las había, como en los estados totalmente centralizados.

¿Es Galicia un fracaso? Estamos habituados a serlo; de hecho, nos lo recordamos unos a otros todos los días. Pero mucho mayor es el fracaso español, comparando el discurso oficial de las vacas gordas con lo esperable para 2015 o 2025. Los gallegos nunca somos los mejores (seríamos los primeros sorprendidos), pero más de una vez resultamos ser los menos malos. Aparte de que somos indestructibles: con nosotros no acaba ni el invierno 2013-2014.

Sin comentarios

Escribe tu comentario




He leído y acepto la política de privacidad

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes. Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.



Más autores

Opinadores