No hay ninguna opción que se deba descalificar para buscar una salida a la crisis de Venezuela. Por supuesto, me refiero a aquellas que estén dentro del marco de la civilidad y del derecho internacional. Quiénes me han seguido en estas páginas saben que estoy en desacuerdo en cualquier recurso de fuerza porque es infectivo y porque las fisuras que generan puede terminar siendo peores que la enfermedad que se trata de subsanar. Hasta aquí, para insistir que la salida a esta tragedia la encontraremos, en mi opinión, dentro de un marco de ingeniera variable. Esto significa que debemos estar abiertos a escuchar cualquier opción internacional o nacional que de buena fe contribuya a buscar la solución no solo de una crisis social, política y económica sino evitar la desintegración del estado-nación. Cuando autores como Emilio Figueredo han advertido sobre la posible balcanización de Venezuela, esto es, su dispersión por el fortalecimiento de cotos de poder y la creación de grupos regionales, está haciendo una advertencia válida que debemos evaluar con detenimiento.
Desde el exterior han hecho lecturas apropiadas sobre las tremendas dificultades a que nos estamos enfrentando y que serán más graves que las actuales si no encontramos una salida. De allí que no se puede ser obtuso y reactivo ante los anunciados tímidos o altisonantes de búsqueda de posibles fórmulas negociadoras. Negociar no es bajarse los pantalones o no tener cartas definidas y claras sobre las aspiraciones y opciones que tenemos por delante. Venezuela está guindado en un puente corroído por lo cual cualquier opción de rescate es válida.
Bienvenidas las visitas de facilitadores internacionales y las propuestas de diálogos, negociaciones y cualquier otra fórmula que permita recuperar al país. Ya sabemos que el gobierno perdió la opción de gobernar, que mantenerse por la fuerza es un despropósito y que tratar de conservar el poder no es más que alargar una agonía que les hace perder opciones.
Recordemos a Contadora, un grupo de países que acordó y presentó una propuesta a las partes involucradas y luego de hacer un diagnóstico y debidamente evaluar los elementos causantes de la crisis para su solución en Centroamérica. En Venezuela tenemos un diagnóstico definido, una comunidad internacional dispuesta, una crisis económica insostenible y cohesión social por el cambio. Variables claves para llegar a un acuerdo sin atropellos, pero firmes en propósitos.
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