Cuando llegué a la isla de Granada a mediados de los años 80 y después de la invasión de los Estados Unidos tenía una gran curiosidad de visitar el abandonado aeropuerto de Pearls al norte de la isla. Desatendido después de la inauguración de una de las mejores pistas de aterrizaje del Caribe, la de Point Salines al norte de la isla, construido por los cubanos, concluido por los americanos y que irónicamente hoy lleva el nombre Maurice Bishop, el líder socialista asesinado por sus propios camaradas por rivalidades ideológicas.
Mi interés en la visita era tener la oportunidad de ver dos aviones abandonados, muestra de la presencia cubana y soviética en el marco de la guerra fría. Para mi sorpresa, los aviones en algún momento señalados por Ronald Reagan como muestra de la amenaza comunista para el hemisferio no eran mas que dos armazones de dos inútiles Antonov, uno de ellos biplano con un gigante motor en su fuselaje que perecía por lo demás una versión ampliada de una Cessna 172 y que para nada demostraba señales de representar ningún peligro, que no fuera para los astutos pilotos y pasajeros que se atrevieran a volar esos aparatos en los que solo los capitanes cubanos osaban surcar los cielos del Caribe.
El segundo, igual de decepcionante, un turboprop de dos motores usado para transportar a los cubanos que sin sueldo y esperanzas se quemaron las espaldas mientras construían un aeropuerto que le dio la escusa a los americanos para confirmar que el objetivo estratégico de ese aeropuerto era contar con una escala para abastecimiento y transportar tropas cubanas a África o amenazar la seguridad de los Estados Unidos con un nueva punta de lanza para los soviéticos en el extremo sur del Caribe y apenas a 80 millas de Venezuela.
Por estos lares y 30 años después, nos llega la visita no de cortesía sino amenazadora de dos aviones rusos justo después de la visita de Maduro a Moscú. Intimidan su presencia y nos recuerdan provocaciones del pasado, su propósito no es otro que dejar un mensaje de solidaridad y apoyo a quienes gobiernan a Venezuela. Así como se equivocaron en Granada, me da la impresión que esta vez se vuelven a equivocar desde Moscú.
Me parece peligroso abrir un expediente que tiene como guión la superada guerra fría. No estamos en los años 80, Venezuela no es Cuba, ni Rusia es la Unión Soviética, además la Rusia capitalista defiende los interés de un gobierno socialista bastante lejos de su área de influencia. Por lo demás, si bien esta visita sin duda solicitada ante una supuesta invasión de los Estados Unidos, pudiera ser una respuesta lógica en una región de influencia, sin embargo en esta oportunidad, por el contrario, se puede convertir en una mala inversión de los rusos en América Latina. El mensaje desde Moscú es pésimo y más que abrir sinergias, sin duda, cierra oportunidades de negocios. Pero como todo en política internacional, hay que juzgar si al final del camino lo que se cree que suma termina es restando.
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