Rusia y las fake news: un arma para desestabilizar a Occidente
“Las reglas de la guerra han cambiado sustancialmente. Ha aumentado el rol de los medios no militares para alcanzar objetivos políticos y estratégicos y, en muchos casos, su eficacia ha superado con creces la fuerza de las armas”
“Las reglas de la guerra han cambiado sustancialmente. Ha aumentado el rol de los medios no militares para alcanzar objetivos políticos y estratégicos y, en muchos casos, su eficacia ha superado con creces la fuerza de las armas”, afirmó Valeri Guerásimov, actual Jefe del Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de la Federación rusa y uno de los hombres más cercanos a Vladimir Putin.
Los Estados, tradicionalmente, han usado métodos de soft y hard power para imponer su punto de vista sobre sus coetáneos. El soft power, o poder blando, es aquel que se basa en la capacidad de los Estados para influir en otros a través de la persuasión y el poder de atracción. El ejemplo más claro es Hollywood, que es uno de los actores principales para proyectar la imagen de los Estados Unidos al mundo.
El 'hard power' o poder duro, por el contrario, es el poder más conocido por todos. el más evidente: la capacidad militar, económica y, en definitiva, la fuerza bruta para imponerse sobre otros países.
Sin embargo, el mundo ha visto el nacimiento de un nuevo poder, fruto de la aparición de Internet y de las redes sociales y muy dominado por Moscú: el sharp power, o poder afilado. A caballo entre los dos tipos de poderes clásicos, se basa en el uso de estrategias de manipulación de la opinión pública extranjera, así como de iniciativas diplomáticas con un cariz inusualmente agresivo.
En 2016, el militar Valeri Guerásimov dio un paso más en su discurso, dibujando cuál iba a ser la estrategia rusa en el nuevo escenario global: "En este contexto adquiere especial importancia una actuación masiva e intencionada, orientada a ejercer influencia sobre la conciencia de los ciudadanos (...) a través de Internet. Los recursos informativos se han convertido en una de las armas más eficaces. Su amplia utilización permite en el plazo de unos pocos días desestabilizar la situación de un país desde su interior. Los métodos de guerra asimétricos más eficaces consisten en falsificar los hechos y obstaculizar el trabajo de los medios de comunicación. Sus resultados pueden ser comparables a un uso masivo de guerras y tropas".
Pero no son las únicas declaraciones que explicitan la estrategia del Kremlin. El ministro de Defensa, Serguéi Shoigú, afirmó en 2015: "hoy en día debemos admitir que una palabra, una cámara, una imagen, Internet o la información en general se han convertido en armas, en un nuevo elemento de las Fuerzas Armadas". En 2017 el Shoigú empezó a aplicar sus tesis anunciando la creación de unidades especiales de guerra informativa "mucho más eficaces que el denominado departamento de propaganda (...) La propaganda debe ser inteligente, potente y efectiva", afirmó entonces.
Moscú tiene a su disposición una serie de medios con presencia en el mundo que se dedican principalmente a influenciar en la opinión de terceros países. Entre los más populares, están RT, Sputnik o Russia Beyond the Lines.
Estos medios son considerados una amenaza prioritaria para la Unión Europea (UE). Por esta razón, en noviembre de 2015, desde las instituciones de la UE se creó un departamento llamado “East Stratcom Task Force”, que se financia a través de recursos de la Unión y de los Estados miembros. Según su web, se dedican a “abordar las campañas de desinformación en curso en Rusia”. Elaboran el boletín semanal Desinformation Review donde denuncian las mentiras publicadas por medios de comunicación rusos.
El historial del Kremlin en este tipo de batallas informativas es amplio. Estos son algunos de los ejemplos más documentados:
COBERTURA DEL DERRIBO DEL MH17
En 14 de julio de 2014, un avión de la compañía aérea Malaysia Airlines, con 298 pasajeros a bordo, fue derribado por un misil antiaéreo Buk a 50 kilómetros de la frontera entre Rusia y Ucrania. Tras la investigación, un equipo de internacional de expertos concluyó que el misil era de propiedad rusa y había sido lanzado desde la zona anexionada de Ucrania.
RT dio entonces la versión rusa del acontecimiento, asegurando que el vuelo MH17 había sido escoltado por dos cazas ucranianos poco antes de desaparecer. La información salió de un tweet de un presunto controlador aéreo español que trabajaba en el Aeropuerto de Kiev.
Para dar credibilidad a su versión RT recurrió a sus propios expertos. En el caso de España, a Juan Antonio Aguilar, un ultraderechista ex militante de la Falange. Este afirmó que “la situación, de momento, está controlada para que sólo salga esta versión, que es la que le interesa a Poroshenko (presidente de Ucrania)”. La estrategia era clara: alimentar la conspiración para anular la veracidad de cualquier información ofrecida por el otro bando.
El Servicio de Tráfico Aéreo de Ucrania hizo una declaración asegurando que es necesario, por ley, que los controladores tengan nacionalidad ucraniana para poder trabajar. Por tanto, era imposible que un español pudiese trabajar de controlador en Kiev. Por otro lado, la embajada española desmintió que hubiese ningún español trabajando de controlador para ese aeropuerto.
Aunque las informaciones de RT fuesen desmentidas, ellos nunca han publicado una rectificación. En 2016, cuando se publicó la primera parte de la investigación, que señalaba a Moscú como propietaria de ese misil, RT emitió una noticia en el telediario criticando duramente el informe, denunciando una supuesta manipulación de pruebas por parte de Kiev.
ACUSACIONES DE HOMOSEXUALIDAD A EMMANUEL MACRON
Poco antes de las elecciones presidenciales de Francia, un ex diputado del Parlamento francés, Nicolás Dhuicq, acusó a Macron de contar con “el apoyo de del poderoso lobby de los homosexuales ricos” a través de la edición francesa de Sputnik. También lo acusó de ser un “agente encubierto de la gran banca estadounidense y de las instituciones mundializadoras”. Desde el mismo medio también se le atribuyó una relación secreta con Matthieu Gallet, presidente de Radio France.
El rumor corrió como la pólvora gracias a la colaboración de las ediciones internacionales de RT y Sputnik. El objetivo era desestabilizar la campaña francesa en favor de Marine Le Pen. Desde Moscú nunca han ocultado la simpatía que les genera la líder de la nueva Agrupación Nacional. El partido de Le Pen, además, ha recibido importantes ayudas financieras de bancos rusos.
Temiendo que le ocurriese como a Clinton en las elecciones americanas, el problema se solucionó con el veto de Macron a Sputnik y RT. Les negaron la acreditación para acceder a la sede electoral hasta en dos ocasiones.
Según la directora de RT y Sputnik, Margarita Simonián, el equipo de Macron no respondió a las peticiones de acreditación y no dio ninguna explicación. “Es de esa forma tan poco elegante que deja de existir la libertad de expresión en un país que se vanagloria de sus libertades casi más que del camembert y del brie”, afirmó la directora.
En este sentido, la jugada fue perfecta. Los franceses más conservadores asociaban a Macron con una especie de secta homosexual y los más progresistas se quedaron con la imagen de un candidato que veta a los medios de comunicación.
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