La palabra depresión está gastada. Ha sido usada para tantas cosas que ya no sirve para nada. Tanto se ha extendido su empleo, tan difuso es el sentido que ha adquirido que es imposible precisar qué significa, si aún significa algo.
Hay depresiones post vacacionales, primaverales, otoñales, post parto, puerperales, por la pérdida del trabajo, por cambios en el lugar del trabajo, porque los hijos se van de casa, porque los hijos no se van de casa, porque perdió el Barça, porque ganó el Barça, porque murió alguien querido, porque Trump ganó las elecciones, porque enfermó alguien cercano, por perder el campeonato de mus y un largo etcétera.
Hay, también, depresiones de cuya causa no se tiene la menor idea. Cuando alguien viene a la consulta y nos dice "estoy triste, de bajón o deprimido y no sé porqué, no reconozco ningún motivo para estarlo", podemos estar razonablemente convencidos de que sería bueno para él seguir un tratamiento: o bien para averiguar cuál es la causa que desconoce y que suele estar escondida en lo profundo de su psique, poder enfrentarse a ella y, si las cosas van bien, resolver su trastorno, habiendo encontrado en el camino mucho de sí mismo que desconocía, o bien en otros casos -y es parte del oficio del médico o el psicólogo determinar en cuáles- con un tratamiento psicofarmacológico mesurado y adecuado de manera rigurosa a la situación de cada sujeto. Muchas veces, también, con una combinación de ambos: tratamiento de palabras y tratamiento farmacológico.
La palabra tristeza, en cambio, conserva todo su valor semántico pero ha ido perdiendo terreno en el habla corriente frente al carácter invasivo de la palabra depresión. Bien mirado, de la lista de depresiones enumerada más arriba en la gran mayoría de los casos podría decirse, y quizás diría más sobre lo que sucede, que se está triste por…
La introducción del término depresión en el lenguaje cotidiano es reciente y sucede con ella lo que con con muchas otras cosas: los ordenadores personales, Internet, los smartphones, tienen veinte años o menos y parece, sobre todo a los más jóvenes, que están ahí desde siempre.
Pero el problema con la palabreja de marras es que su descontrolada proliferación tiene efectos en la vida de las personas.
Al tiempo que se expande la significación de la palabra depresión se amplían las indicaciones de los antidepresivos, con efectos tóxicos. Por su acción sobre el cuerpo, por sus efectos secundarios y porque no suelen servir para nada más que para enterrar los conflictos, que cuanto más escondidos están más daño hacen. Sin ir más lejos, es frecuente ver en la consulta personas que han perdido un familiar próximo que están lógicamente tristes y a los que 15 días después se les indicada un antidepresivo. Ese antidepresivo es altamente tóxico, más por sus efectos sobre la psique que por sus efectos sobre el cuerpo.
También prolifera la oferta de psicoterapias, cuyos peligros no son despreciables, aunque sean más sutiles.
En definitiva es una cuestión de mercado: en los últimos diez años la venta de antidepresivos en España se ha triplicado. Respecto a las psicoterapias no hay números, pero no creo que le vaya muy a la zaga.
Afinar más, deslindar lo sintomático de las dificultades normales de la vida, es ir a contracorriente, pero no parece que la corriente nos vaya a llevar a buen puerto.
Pero... ¡precisamente la psicoterapia adecuada es la que enseña a lidiar con esa tristeza y a encarrilar la vida de uno! Hablas de "peligros que no son desdeñables". En las psicoterapias cognitivas, por ejemplo, avaladas por décadas de experiencia e investigación, ¿cuáles son esos peligros? Estoy muy de acuerdo con tus comentarios, salvo porque creo que la educación en salud mental, en reconocer y trabajar con emociones, pensamientos y conductas, es precisamente la vía.
Que bien se puede contar la deriva que a menudo toma un sentimiento tan humano como la tristeza para conventirlo en depresion! El roblema es que hemos participado en crear una sociedad que no deja espacio para escuchar la tristeza, el dolor , el fracaso...una sociedad donde la tiranía del "derecho a ser feliz" a cualquier precio trimfa!
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