La masa

Mario Polanuer

GENTE

Formar parte de la masa proporciona una experiencia singular



El alma de un grupo es un vacío. Un grupo no siente pena ni dolor, felicidad ni alegría, deseo ni satisfacción. Cuando se atribuyen a un grupo sentimientos de un individuo -el grupo quiere, el grupo piensa, el grupo cree…- se está haciendo un antropomorfismo, se está forzando la realidad. Los humanos tendemos a creer que lo que no comprendemos funciona igual que nosotros.


El grupo es acéfalo y todas las acciones que se le atribuyen son responsabilidad de cada uno de aquellos que forman parte de él.


La acefalía y la ausencia de alma no impiden que en los grupos se pongan en juego una serie de mecanismos que dan lugar a fenómenos específicos que influyen sobre sus miembros. Cada persona tiene un lugar y ese lugar determinará su conducta juntamente con sus propias características. Determinará su manera de estar y, aunque el sujeto no se de cuenta determinará en cierta medida su manera de ser.


Estos grupos son heterogéneos: la familia, los grupos de amigos, los grupos de trabajo... Cada uno tiene su forma de organización, más o menos dinámica y en ellos, las pulsiones agresivas son suavizadas, y retornan como peleas ocasionales, como discusiones cuando hay diferencias y las cosas se polarizan.


El grupo tiene mecanismos para impedir su pasaje al acto, y el principal de ellos se llama represión.La posibilidad de reprimir las pulsiones agresivas -destructivas,mortíferas- es uno de los pilares que sostienen a la civilización.


Hay otro tipo de grupos (Freud los llamaba ”masas organizadas” y daba como ejemplos la iglesia y el ejército), más numerosos y que, para adquirir consistencia, necesitan una red de vínculos. Hay una estratificación clara y un ordenamiento piramidal. En la cúspide de la pirámide el líder (una persona, una idea), que representa, para cada miembro del grupo un ideal. El hecho de compartir el ideal permite a cada uno reconocerse en el otro y es la argamasa que mantiene unido al grupo.


En este tipo de grupos las personas canalizan sus impulsos agresivos a través de los canales instituidos por el propio grupo. Finalmente, la masa.


Elías Canetti, en su Masa y poder, describe así a la masa:

-La masa siempre quiere crecer.

-En el interior de la masa siempre reina la igualdad.

-La masa ama la densidad: propicia el contacto tanto físico como anímico entre sus miembros.

-La masa necesita una dirección.


Formar parte de una masa proporciona una experiencia singular y por eso resulta tan tentador para los individuos:


Quiere crecer, y cada individuo que se integra la vuelve más fuerte, a la vez que multiplica para el nuevo la fuerza que él creía tener. Lo convierte en un igual a los otros, que para él encarnan su ideal o sea, él mismo encarna su ideal.


Se siente reconocido: Todos los miembros de la masa son igualmente valiosos sólo por el hecho de formar parte de ella.


Lo sustrae de la necesidad de encontrar un camino vital: la masa le indica cuales su horizonte. Está al abrigo de cualquier mal. Sus compañeros están a su lado.


No tiene que pensar, le basta con dejarse llevar. La masa es un proveedor continuo de ideales. Cuanto más crece la masa más sólidos son esos ideales.


No tiene que lidiar con la soledad: los miembros de la masa siempre están próximos.


Para tomar una dirección efectiva la masa necesita un líder. Alguien que encarne lo que todos quisieran ser y que, de esta manera, retroalimenta la consistencia de la masa, si todos quieren ser como ese líder hay un ideal de cómo quiere ser cada uno idéntico para todos.


Y para terminar de darle consistencia nada mejor que un enemigo común. Su derrota, su segregación o su exterminación funcionan perfectamente para darle una dirección.


Los fenómenos de masa tienen tantos problemas para los demás como ventajas para sus miembros.

Como la masa quiere crecer, promueve el odio a quienes se resisten a formar parte de ella.

Como en la masa todos son iguales, es necesaria la segregación de los diferentes.

Como la masa ama la densidad odia a quienes apuntan a sus agujeros.

Como la masa necesita una dirección destruye a aquellos que apuntan hacia otro lado.


La historia está llena de ejemplos en los que las masas llevaron a sus líderes al poder,y en todas ellas, tarde o temprano, apareció el espanto, la segregación,el odio. El nazismo y sus campos de exterminio, el comunismo y sus Gulag, el genocidio de los hutus por parte de los tutsis en Ruanda…y la lista es interminable.


Es que la masa despierta en los hombres lo peor. No inventa nada, no injerta nuevas emociones. La masa derriba las murallas que contienen en las personas lo mortífero. Hace trizas años de civilización para dejar en libertad sus pulsiones más oscuras.


La masa, al cumplir las funciones de las instancias psíquicas que hacen que el hombre reprima sus pulsiones más salvajes, despierta en él lo peor.


Actualmente existen y crecen a una velocidad vertiginosa, grupos organizados según ese patrón.

En Alemania: Alternativa para Alemania liderada por Jörg Meuthen y el Deutsche Volksunion (DVU) de Gerhard Frey.

En Francia el Front National, de Marie LePen.

En Austria el Partido de la Libertad, liderado por Norbert Hofer.

En Suecia el Movimiento de Resistencia Nórdico (NMR - Suecia y Holanda).

Y la lista crece de forma siniestra.


Como dijo Edmund Burke, un pensador irlandés del siglo XVII: “Para que triunfe el mal, sólo es necesario que los buenos no hagan nada”.

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