Seis tipos de madre

Pilar Gómez
Psicóloga clínica y psicoanalista

Los ginecólogos aconsejan ser madre antes de los 33 años


"¿Qué tipo de madre eres?”, esta pregunta es el título de un post publicado hace poco en la web de una conocida clínica barcelonesa. Comentan un libro destinado precisamente a las madres cuyo punto de partida es que no existen la madre perfecta y cuyo objetivo declarado es ayudar a “rebajar” los ideales. 


Dan distintos y variados ejemplos que reflejan diversas maneras de entender la maternidad e insisten en que cualquiera de esas maneras es buena. La lástima es que tan gran amplitud de miras queda desmentida al final cuando - “para facilitar la tarea”- proponen seis modelos en los que las lectoras puedan reconocerse y desde ahí mejorar en sus habilidades como madres. Se distinguen seis tipos: la gps o controladora, la perfeccionista, la cómplice, la acaparadora, la permisiva y la competitiva. Y ya está, eso es lo que hay.


La maternidad es una experiencia particular para cada mujer, parece mentira que sea necesario decirlo, y es tan compleja y poliédrica que resulta imposible cernirla con un solo adjetivo. Es obvio que una madre puede ser controladora y permisiva al tiempo, tanto como acaparadora y competitiva o perfeccionista y cómplice, etc.


Es fácil practicar ese tipo de ejercicio con las palabras, es posible establecer más listas - tan inanes como la original - usando otros adjetivos para designar “tipos de madre”. Por ejemplo: “ensimismada”, “ entrometida”, “devoradora”, “contemplativa”, “despistada”, “resolutiva”, “cansada”. Todos ellos tan reductores de la subjetividad como los modelos designados, claro.


Por otra parte, y sea cual sea el rasgo identificado, tendrá su origen en el inconsciente lo que hace muy difícil - vale decir, imposible - que sea desterrado siguiendo los ingenuos consejos que se dan para que las madres “mejoren” y cambien su actitud por otra más adecuada.


Se trataría, según eso, simplemente de reconocerse en uno de los tipos, saber qué hay que cambiar y proceder a ejecutarlo. Así, dicen, la controladora deberá dejar de controlar, la perfeccionista tendrá que rebajar sus exigencias, la cómplice tendrá que poner límites, la acaparadora dejará volar a sus polluelos, la permisiva deberá decir que no y la competitiva tendría que admitir que ya no es una niña y ceder el disfrute de la infancia a sus hijos e hijas. Y ya está.


Abracadabra, quiero cambiar y cambio.


Es de suponer que valdría lo mismo para la lista de tipos inventados para el caso: la ensimismada tendrá que salir de sí, la entrometida dejará de meterse en todo, la devoradora refrenará su apetito y dejará algo para los otros, la contemplativa entrará en acción, la despistada prestará atención, la resolutiva dará el tiempo necesario a los demás antes de zanjar nada y la cansada deberá descansar. Más fácil, imposible. Sólo que no funciona, como sabrá cualquier lectora o lector que haya navegado por los mares de los libros de autoayuda.


No funciona porque cada sujeto es mucho más que un rasgo, por más dominante que este pueda ser en su carácter y en su personalidad. Ese rasgo es el producto de alguna identificación o contra identificación inconsciente y forma parte de una red de significaciones también inconscientes que requieren ser analizadas para atenuarlo o, si fuera posible, deshacerlo.


La maternidad se da como una experiencia particular para cada mujer, edificada sobre la propia historia como hija y en cada caso se escucharán los ecos de esa historia en la idea que de sí misma se haga cada cual como madre. Controladora, permisiva, cómplice, contemplativa, acaparadora, devoradora, competitiva, ensimismada, etc. Cualquiera de esos rasgos, y tantos otros, pueden aparecer en algún momento de la vida como madre de cualquier mujer. Pueden darse incluso de un modo repetitivo y predominante, sin que eso de derecho a cercenar una experiencia vital extraordinaria, original y común al mismo tiempo, hasta reducirla a una lista de seis modelos.


Se jibariza de ese modo la experiencia y, en un fenómeno corriente en nuestros días, se propagan banalidades psicologistas como si fueran verdades incontrovertibles amén de herramientas útiles para vivir mejor contribuyendo así al creciente y progresivo atontamiento de la sociedad civil.


Es de temer que, en un fenómeno especular casi inevitable, más de una mujer se tenga por tonta e incapaz si no logra acercarse a alguno de esos modelos tan fácilmente asequibles. En estos casos, el aplanamiento intelectual que promueve el psicologismo reinante no se limita al mencionado atontamiento, produce también un sufrimiento que las traspasa hasta alcanzar en ondas sucesivas a todos los concernidos en cada maternidad.

Y todo eso con el objetivo manifiesto de rebajar los ideales.

1 Comentarios

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La única diferencia de dar un "aprobado" injusto es que en su caso por darlo lo único que puede es quedar en evidencia con un artículo carente de rigor y totalmente absurdo por no llamarlo de otra forma y dar un aprobado a alguien que no está preparado es que tenga un accidente y haya muertos o heridos. Seamos serios y no haga notar tanto que le aprobaron sin merecerlo.

escrito por paulos 17/jul/17    16:47

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